Eso que dejaste aquel mediodía más frío que de costumbre.
Como quedó la habitación, sin esa enorme maceta que guardaba la esperanza de crecimiento de una bella planta.
Los cajones donde guardaba esas remeras tuyas que tanto me gustaba usar.
Mis redes sin tus posteos feministas para ver y sonreir de orgullo.
El aire, sin tu música, sin esa voz tan bella que solía cantar, sin el olor a liyo quemado de los puchitos que armabas cada dos por tres.
Vacía yo, que deje que me llenaras con tu magia y cuando te fuiste me quedé sin nada.
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