Le dije que NO. Y cuando cerré esa puerta, se abrió un portal .
Era la palabra mágica que accionaba la máquina.
La máquina que tenía lista hace meses y no sabía como hacerla funcionar.
Es que, si bien, llevaba tiempo preparándola, me faltaba un último e indispensable detalle.
Quién diría que una simple palabra tendría tanto poder ?
A mi alrededor todo explotó, parecía el fin del mundo.
El espacio tiempo se curvó y apareció alguien que siempre había estado ahí.
Como si la conociera de toda la vida,
o de otra vida
o de otro mundo.
Llegué hasta ahí con mi corazón acelerado y una enorme sonrisa bajo el barbijo.
Una sonrisa que se parecía a mí sonrisa del pasado, o del futuro .
Lo único que le podía ver, eran sus ojos. Negros. Llenos de ansiedad.
Su rostro también estaba semitapado, pero sabía que estaba sonriendo.
Se subió al asiento del acompañante, del golcito gris.. o verde.
En ese momento arrancó el viaje.
Otra vez.
sábado, 8 de agosto de 2020
La máquina de ser feliz *
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario